miércoles, 28 de enero de 2015

Libro del desasisiego, de Fernando Pessoa


Desde que comencé su lectura, la cual se prolongó por más de un año, me di cuenta de que jamás podría leer el Libro del desasosiego de corrido, de principio a fin, como si fuera una novela o un típico aglomerado de ensayos. De inmediato lo vi como un libro de consulta que comencé a abrir al azar y, con mayor o menor acierto, a relacionarlo con eventos o circunstancias que iban surgiendo o ya habían ocurrido en mi propia vida. De esta manera descubrí reflexiones pedestres, anodinas, misántropas, hermosas y algunas incluso sublimes, con todo lo que semejante palabra puede implicar... Y es que Pessoa elabora por más de 20 años (se dice que comenzó en 1913 y la muerte lo obligó a culminar en 1935) un retablo de fragmentos —con textos supuestamente cotidianos de Bernardo Soares, uno de sus heterónimos más lúcidos y que, según sus "propias" palabras sería un un hombre que aspira a pasar desapercibido para el mundo y que trabaja en una oficina de la Rúa dos Douradores, desde cuya ventana mira el mundo con una agudeza sólo comparable a la de los personajes de Robert Walser— que poco a poco van formando el mapa de sus tedios, sueños, infelicidades y opiniones sobre los diferentes rostros de la existencia; es decir, se va formando una suerte de autorretrato que bien podría prolongarse al infinito, o al menos hasta un punto muy cercano al infinito. En fin, aunque "terminé" este extraño amasijo de textos, sé que en realidad nunca lo podré terminar del todo, ya que lo seguiré consultando de vez en cuando, y sé que todas esas frases que subrayé en su momento aparecerán con una luz distinta en cada relectura. Definitivamente un libro indispensable.

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