domingo, 4 de diciembre de 2016

Aquí abajo, de Francisco Tario




Antonino es un tipo trabajador, una especie de protoburócrata, aunque con un insospechado mundo interior. Está casado con Elvira, con quien ha engendrado a los pequeños Liborio y Carlota. Viven en Peralvillo, tradicional puerta norte de la ciudad hasta antes de su implacable expansión, y aunque no se encuentran propiamente en la miseria, tampoco se puede decir que gocen de una situación holgada, si bien Elvira cree que un aumento de sueldo para Antonino les puede dar el tan ansiado jardín para los niños. Y tal vez una felicidad un poco más perfecta.

Cada tanto los visitan desde Iztapalapa los parientes de Elvira, incluido su primo Lauro, con quien tuviera algún despertar erótico durante su adolescencia. Y es que era un tipo grande, fuerte, osado... Pero entonces el tiempo siguió su marcha, Lauro tuvo un accidente en el que perdió un brazo, Antonino llegó a su vida y ahora Elvira era una recatada madre de familia. Salvo que en una de sus tradicionales visitas, van al circo y el primo le comienza a despertar aquella vieja atracción con sus ansiosos requerimientos. Ahí comienza el descenso. Antonino, proclive a mirar los cielos llenos de enigmática libertad desde la ventana de su lugar de trabajo, en el que los empleados se enfocaban en sus tareas de copiar textos para un diario como un hato de reses se enfocan en engullir el forraje que tienen ante sí, sabiendo hermosa y morena a su esposa, pero al mismo tiempo lejana, cae enfermo luego de una noche pesadillesca en la que coge una buena pulmonía, mientras que Elvira, arrastrada al adulterio por Lauro, pero también por sus propias e inconfesables inclinaciones, comienza un camino de remordimientos y diabólico cinismo, tras lo cual no se vislumbran más que las ruinas de esa felicidad tan ansiada...

Después de leer Aquí abajo (1943), me quedó la impresión de que Francisco Tario podría ser nuestro Bruno Schulz. Se trata de un minucioso artesano del lenguaje, capaz de crear no sólo atmósferas, sino revelaciones poéticas que centellean en el fondo de la narración como el tesoro de un naufragio. La anécdota de la novela, en apariencia un tanto anacrónica y melodramática —básicamente es la historia de un matrimonio que sufre un triángulo, yo no diría amoroso, sino de despertares sexuales teñidos por el pecado y los prejuicios morales, es decir: adulterio, culpa y un mediocre intento de redención— parece un mero pretexto para que Tario haya dejado una prosa que, como un magma lento y terrible, fluye entre angustias, miserias, ensueños proféticos y oscuros, lubricidades abisales, anhelos desamparados y amor diáfano, todo con el telón de fondo de una ciudad de México con resabios rurales, y que es el sórdido escenario para las dudas y decisiones de un puñado de seres que desbordan los esquemas sociales que debían definirlos.