martes, 12 de abril de 2016

Star Maker (Hacedor de estrellas), de Olaf Stapledon


Esta es una especie de historia de la eternidad. Una exploración de la esencia humana y su porqué a partir de un viaje psíquico no sólo por toda la galaxia y sus planetas habitados por vida inteligente, sino por el tiempo mismo, primero hacia el futuro, hasta lo que describe como un lugar lleno de soledad gélida, ya que la tendencia de la expansión del universo lleva a que las galaxias estén cada vez más alejadas unas de otras; pero también al pasado primordial, a los albores mismos del Big Bang e incluso más allá, ahí donde reside la voluntad creadora del "Hacedor de estrellas", quien, según ese ente explorador formado por la mente de muchos seres dispersos por la galaxia, ha ido "madurando" en su aspecto de creador de todo lo visible y lo invisible, aunque para ello ha debido crear muchos universos.

Como consecuencia casi inevitable, suele surgir la vida inteligente y, por ende, la maldad. Y esto último es precisamente el motor de la exploración del protagonista: ¿cuál es el porqué del universo si, a través de las distancias astronómicas que recorremos en unas cuantas paginas, podemos ser testigos de los alcances de la maldad, no sólo en un planeta, sino a niveles de sistemas estelares? ¿Cuál es el objetivo de esas sociedades que logran un estado de equilibrio utópico, una especie de superioridad mental, si al final, como se describe, el universo terminará aislado en sí mismo? 

El angustioso grito filosófico de Stapledon no responde nada, de ahí su virtud: el gran Hacedor de estrellas es pura voluntad creadora, cada vez más refinada conforme la complejidad de sus criaturas se bifurca hacia lo bueno y lo malo, bifurcación que él mismo padece en su momento creador, por lo que está en constante lucha consigo mismo. Es por eso que cada tanto interfiere en esos mundos convulsos para mostrarles, a través de un redentor, que el fin último de la creación está muy cercano a la tesis de aquel otro redentor que llegara a la Tierra hace más de dos mil años: 

«In general the Star Maker, once he had ordained the basic principles of a cosmos and created its initial state, was content to watch the issue; but sometimes he chose to interfere, either by infringing the natural laws that he himself had ordained, or by introducing new emergent formative principles, or by influencing the minds of the creatures by direct revelation. This according to my dream, was sometimes done to improve a cosmical design; but, more often, interference was included in his original plan.»

Stapledon no rebasa los límites de la perspectiva «humana», de hecho, ése es precisamente uno de sus motivos principales: cómo la vida va pasando por diferentes fases y se va «humanizando», más que en la forma de los seres, que puede ser muy variada, en la manera en que se comportan, cómo evoluciona o involuciona su mente hacia la armonía o hacia la destrucción. Por supuesto, si comparamos Star Maker con una novela como Solaris en cuanto a la exploración de probabilidades de vida inteligente en otros planetas, quedaría un tanto antropocentrista, pero al mismo tiempo se adentra en teorías científicas que ya especulaban acerca del devenir de la materia en vida inteligente y cómo a través de ésta puede variar la concepción misma de la existencia, y además, la posibilidad de que vivamos en uno de muchos universos, y acaso todo ello con una finalidad en cuyo borde está el Creador. Guiño y codazo en las costillas para la teología y la filosofía.




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