viernes, 24 de enero de 2014

Sanatorio bajo la clepsidra, de Bruno Schulz


Originalmente pensado como un libro ilustrado (en su edición original contiene 42 dibujos del propio autor), Sanatorio bajo la clepsidra (Sanatorium pod Klepsydrą, 1937) es el segundo y último libro que se publicó en vida de Bruno Schulz, antes de su estúpido asesinato en 1942 por parte de un nazi de alto rango. Se cree que el propio Schulz veía este volumen como un libro preparatorio para la que sería su obra principal, y que se titularía El mesías, asimismo ilustrada. Sin embargo, y aunque existen menciones epistolares, la obra se perdió entre la vorágine de la Segunda Guerra Mundial y sólo quedaron dos fragmentos que se incluyeron en Sanatorio bajo la clepsidra: los relatos “El libro” y “La época genial”, que son los que abren la lectura.

Aunque esta recopilación de relatos parece ser una especie de continuación de Las tiendas de color canela, el lenguaje es aún más pulcro y refinado, con lo que las imágenes resultan deslumbrantes, y por momentos capaces de llegar a altísimas cumbres poéticas que ya en Las tiendas... parecían insuperables. El mito sigue fungiendo como piedra angular, e incluso en este libro se vuelve protagónico, como si permeara en la propia médula de las historias, o como si estuviera “trenzado” inseparablemente de la suave y singular locura del padre, que aquí también es el hilo conductor de las historias: ese demiurgo que hace que los mundos germinen vertiginosamente como natural consecuencia de la palabra. 

Una de las ideas que más obsesivamente se repite en Sanatorio bajo la clepsidra es la de El Libro. No sólo es un relato acerca de un libro misterioso, o más exactamente un álbum de estampas que el narrador recuerda quizás de la primera infancia, El Libro es la puerta de un mundo maravilloso, contiene secretas formas de ver la existencia humana, manifestaciones de Dios que son imágenes o palabras, o al menos así cree recordarlo el narrador, que ve en él una especie de época dorada. EL Libro estará presente en varios momentos de Sanatorio bajo la clepsidra, y quizás sea una suerte de columna vertebral junto con el padre.

Además, tenemos a Bianca, la chica de los sueños del joven Bruno y que también es una suerte de arquetipo de la feminidad; la primavera, arrebatadoramente descrita, como si fuera un cúmulo de exuberantes sensaciones, escenarios misteriosos, luz que podría poseer insospechados significados… los propios días se vuelven criaturas exóticas. En cierto momento el narrador hace extravagantes comparaciones de sí mismo con personajes históricos —la más notable quizás sea con Alejandro Magno— y su diagnóstico es que el gran conquistador de todos los tiempos ha sido víctima de una cándida equivocación: Dios le ha hablado y él sólo ha podido comprender lo referente al poder, hombre de acción al fin de cuentas, con lo que emprende la conquista de un buen trozo de corteza terrestre.

Así, en Sanatorio bajo la clepsidra podemos ver la consolidación de una prosa sin igual en el siglo XX, con influencias innegables, cierto (Kafka quizás sea la más obvia), pero capaz de convertir los más pedestres recuerdos infantiles y de juventud, en todo un catálogo de mitologías, imágenes delirantes y una prosa que sólo puede confrontarse con la de los mejores narradores de todos los tiempos. Así Bruno Schulz.




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